viernes, 22 de mayo de 2015

La Reelección indefinida.

En las elecciones de 1884 Díaz fue el único candidato y por ende , el incuestionable ganador.
Desde entonces, mediante dos enmiendas a la constitución, ( en 1887 y 1890), Díaz pudo reelegirse legalmente durante siete vecs consecutivas.


Cuando la Revolución de Tuxtepec derrocó a Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz ocupó la presidencia, el gobierno de los Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con México, ésto significaba que no reconocía al gobierno porfirista como legítimo.

Debido a la importancia de los Estados Unidos como potencia en el continente americano y a la amenaza de una invasión a territorio mexicano, el reconocimiento norteamericano resultaba de suma importancia para la estabilidad del gobierno de Díaz.

Para otorgar su reconocimiento, el gobierno estadounidense puso severas condiciones al presidente Díaz, en las que se incluía la obligación de México para pagar compensaciones a los norteamaricanos que habían sufrido daños en sus bienes en la Revolución de Tuxtepec, el derecho a norteamericanos para comprar terrenos cerca de la frontera y la pacificación de la zona norte; en la que Estados Unidos proponía que se diera permiso a su ejército para atravesar la frontera y capturar indios y bandoleros.

Díaz conocía el rumor de que el gobierno estadounidense buscaba una excusa para declarar la guerra a México y anexarse parte de su territorio, por lo que tuvo cuidado de no dar ninguna razón que pudiera utilizarse de excusa para invadir y además entregó puntualmente el abono de la deuda.

Utilizando además como agente confidencial en Washington a Manuel María Zamacona, un hábil político, logró el reconocimiento por parte de Estados Unidos en 1878.















Reelección de Díaz: estrategia y justificación


En el 1880 terminaba el primer período presidencial de Porfirio Díaz y algunos seguidores proponían que Díaz se reeligiera, sin embargo, Díaz rechazó tal posibilidad argumentando que iría en contra de los principios por los que había luchado la Revolución de Tuxtepec (de no reelección).

Varios candidatos deseaban ocupar la silla presidencial, entre ellos Justo Benítez (el candidato más fuerte), Manuel M. Zamacona, Ignacio Vallarta y Manuel González (amigo y colaborador de Díaz). Sin embargo la reputación de Benítez respecto a su ambición de poder lo había hecho desprestigiarse y finalmente la declaración del apoyo de Díaz a Manuel González terminaría por inclinar la balanza de la elección por este último.

El gobierno de Manuel González inició de una manera muy favorable y supo mantener la paz y continuar con el progreso económico. Al principio se había mantenido bajo la tutela de Porfirio Díaz pero poco a poco fue separándose de éste. Al final de su mandato Manuel González se enfrentó a problemas financieros que terminarían desprestigiando su período en el poder.

El único candidato en las elecciones presidenciales de 1884 fue Porfirio Díaz, ya no violaba los principios de no reelección, pues no se consideraba como reelección el haber dejado pasar un período entre una ocupación del cargo y otra. Así, Porfirio Díaz fue elegido para lo que habría de ser su segundo período presidencial.
Justificación para la nueva reelección de Díaz


Para el período de 1904, que supuestamente debía de ser el último de Porfirio Díaz, se propusieron dos reformas a la Constitución de 1857, entonces vigente; una era el establecimiento de la Vicepresidencia y la otra la extensión del período presidencial de 4 a 6 años. Ambas fueron aceptadas por Díaz.

Francisco Bulnes fue designado para presentar la candidatura del presiente Díaz para el período presidencial de 1904 a 1910. En esta presentación Bulnes, más que anunciar la candidatura de Díaz, se dedicó a justificarla. Primero hizo un agudo análisis de la situación del país y después enfrento al país con la cruda realidad al decir que se debía reelegir a Díaz para asegurar la continuidad del desarrollo del país. En esta declaración Bulnes expone al país el gran problema de la personalización que Díaz hizo del poder y la necesidad de institucionalizar al gobierno para garantizar la transición democrática en la sucesión de 1910.















Reelecciones de Díaz: la reelección indefinida

Durante su segundo período en el poder, Porfirio Díaz llevó a cabo la llamada "política de conciliación" en la que concedía cargos ministeriales a miembros sobresalientes de otros grupos políticos y amplia tolerancia a la iglesia, ésto con el propósito de obligar a sus adversarios a cooperar y colaborar con él, consolidando así su poder. Esta medida fue la piedra angular de su
política de pacificación, que le valió a Díaz lograr la paz social que necesitaba para su proyecto nacional.

En este período tuvo lugar también una importante mejoría en el comercio y en la economía en general.

Así el apoyo popular hizo que el Congreso autorizada la reelección de Díaz por una "única vez," ya que se pensaba que Díaz requería de 4 años más para completar sus planes.

En su tercer período en el poder (segundo consecutivo) Díaz enfrentó una grave crisis económica que puso en riesgo la base de su gobierno que era precisamente la prosperidad económica, sin embargo el presidente Díaz logró su reelección en 1892 contra numerosas protestas y manifestaciones que fueron reprimidas.

En su cuarto período presidencial Díaz continuó enfrentándose a la crisis económica, después de la renuncia del Ministro de Hacienda, Matías Romero, ocupó su lugar José Ives Limantour quién llegaría a pasar a la historia resolviendo la crisis económica mediante medidas radicales apoyadas en la ciencia de la economía.

Al solucionar la crisis, el gobierno porfirista recuperó su poder político y en 1896 nadie cuestionaba la reelección indefinida de Porfirio Díaz.










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