ocupó la presidencia de 1880 a 1884.
En primer lugar, inició negociaciones con Estados Unidos, para controlar el contrabando, el bandolerismo y los ataques indígenas.
En 1884 inauguró el Ferrocarril Central Mexicano que unió la ciudad de México con paso del norte, siendo éste, el primer enlace ferrocarrilero entre México y Estados Unidos.
Incrementó la inversión extranjera, la ampliación de los ferrocarriles y las líneas telegráficas y fundó bancos con capital europeo que otorgaron créditos y préstamos.
Los últimos años de su gobierno, se caracterizaron por la crisis financiera, el desempleo y el creciente empobrecimiento de las clases bajas. Se le acusó de corrupción y la prensa ventiló sin tapujos, las grandes fiestas y despilfarros que se celebraban en el palacio nacional.
La creciente impopularidad del presidente aumentó la popularidad de Díaz quien no había perdido el tiempo preparando su regreso a la presidencia.


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